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Notas acerca del manual de Gettext
Lo reconozco: el manual de GNU Gettext puede conmigo.
Hace unos 5 años tuve que emplear intensamente buena parte de los comandos de gettext desde la consola de texto y era un incordio tener que abrir continuamente las páginas man y las Info para recordar tanta opción de tanto comando distinto y encima tenerlas que leer en inglés (amén del encorsetamiento estilístico del inglés de las páginas man en general, una muy mala práctica y costumbre de la comunidad unixera, frente al inglés inteligible, flexible y más natural de la tradición GNU-MIT).
Así que, bastante antes de emprender este proyecto integral sobre Emacs, me metí a traducir el manual de Gettext y, lo confieso, pudo conmigo.
El manual de Emacs marca el estándar y es el modelo a seguir: ciertamente es verboso (al principio parece que en exceso), pero después nos vamos dando cuenta de por qué. Tiene una cadencia, una lógica, a la que uno va acostumbrándose. Los manuales de Make y otros siguen esa lógica, y en general GNU es reconocida como la entidad que mejores manuales publica sobre sus programas.
Pero tiene al menos una excepción (que yo conozca), y esta se llama el manual de Gettext: la consigna de verbosidad para explicarlo todo con suficiente detalle la convirtió desde su aparición en verbosidad gratuita donde además se incluía mucha tontería. La estructura es enrevesada como ella sola, no hay manera de encontrar las cosas a la primera. Y si te acostumbraste por memorización a ir a un capítulo concreto para una explicación que por lo general estará dispersa en varios lugares antípodas del manual, al par de meses se te habrá olvidado.
Es decir, GNU -para mí- tiene el record de los mejores manuales de programas y también el del manual más insufrible con el que me he enfrentado en mi vida.
Desistí en aquellos momentos; regresé a él cuando abordé esto hace un par de años, y vi que, aunque se habían hecho ligeras modificaciones en las nuevas entregas (donde se corrigieron algunos de los párrafos más tontos y vomitivos jamás leídos sobre los "sentimientos y corazoncitos de las traductoras" -¿por qué pienso que su autor intelectual tuvo que ser Pinard?-) aún parece un puzzle. Otra vez pudo conmigo y lo fui dejando para "lo último". Y ya estoy en él. Pero esta vez no me va dar una úlcera por su culpa. Estoy cargándome lo que me da la gana, sin ninguna compasión.
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